Fidel: más que el vuelo del cóndor

Estemos o no de acuerdo con sus ideales, creo, sin dudas, que pasaran muchos anos y quizás siglos sin volver a ver el líder con la personalidad y de la magnitud de Fidel Castro Ruz en todo el mundo.

Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto/La Informacion

La noticia sorprendió a la noche y el mundo amaneció despierto

Parado en mi balcón, impensadamente a las diez horas y veintinueve minutos de la noche del viernes, observe un grupo de nubes que se desplazaban lentas y triste vestidas de un gris fúnebre llorando abundosa y atribuladas sobre tierras latinoamericanas y del mundo.
Aquellas lágrimas poderosas de unos corazones afligidos eran contadas por Dios. Me quede allí de pies sumergido en la imaginación.

Regresé a mi habitación y al encender el televisor vi un hombre vestido de uniforme militar quien con rostro atribulado comunicaba públicamente al mundo una lamentable noticia. Entonces reflexiones acerbamente sobre la razón de aquellas lágrimas que caían desde el cielo en medio del crespúsculo.

Luego vuelvo a aquel balcón con mis ojos puestos en aquellas misteriosas nubes. Un escepticismo me consterna por un instante. Observo la imagen de un hombre de tez blanca, alto de estatura y de ideales extraordinarios, vestido de uniforme militar  e insignias en otro del más puro.

En sus flancos, un poeta ilustre y un escritor iluminado, Nicolás Guillen y Gabriel García Márquez y los adalides, José Martí y Máximo Gómez, vigilaban celosamente aquella figura epopeyica quien con tanta nobleza y tenacidad antillana supo representar la cultura en toda su extensión y las memorables ideas independentista de su patria entristecida.

En esa visión memorable, observe que aquellas cenizas subían placidas y felices por haber consumado en el universo que le toco vivir los más puros anhelos y las contradicciones que3 suelen surgir cuando se cree firmemente que se esta llevando a cabo una faena trascendental.

¡Fidel Castro Ruz ha muerto, me susurra una voz misteriosa desde una isla consagrada, la más grande de las Antillas. Sin embargo, me resistías a creer lo que se había comunicado desde lo indescriptible. Ahí estaba lo infausto de las lagrimas de aquellas nubes de la lóbrega noche en el balcón.

La infortunada noticia me hizo abrir el Libro sagrado y busque en sus páginas sacrosantas el significado de la muerte. El apóstol Juan, a manera de reconfortarnos, escribe, que Jesús comparo la muerte con un sueño. Fidel ha muerto, oi decidir desde la gloria, como expresaras Jesús a sus discípulos a la muerte de Lázaro.

Fue el haber oído la voz del Señor, como en Lázaro, que pude discernir sobre esta muerte del comandante Fidel. De inmediato, me remonte en aquella fantasía a lo que había observado desde el balcón. Y comprobé que las cenizas de Fidel rodeadas de poetas, de escritores egregios y de guías espirituales esclarecidos era aliento de vida.

Para entender lo que es la muerte, debemos retroceder en el tiempo a los registros de la creación del hombre: “Dios for4mo al hombre del polvo de la tierra, y soplo en su nariz aliento de vidas y fue el hombre un ser viviente”. Empero, debemos también recordar mientras estamos llenos de vida otra realidad que3 aparece en Eclesiastés 12:7: “Entonces volverá el polvo a la tierra como lo que era, y el espíritu a Dios que lo dio”.

Hoy el mundo veía con lamentos irreparables esta muerte. Cuando se reflexiona sobre lo que represento Fidel, estamos observándolas cenizas del ultimo protagonista, el político más grandioso, el más enérgico del siglo XX.

Estemos o no de acuerdo con sus ideales, creo, sin dudas, que pasaran muchos anos y quizás siglos sin volver a ver el líder con la personalidad y de la magnitud de Fidel Castro Ruz en todo el mundo. Vemos a Bolívar cabalgando los Andes sobre las alas triunfantes del cóndor junto a Fidel declamando uno de los versos hermosos de Neruda.
“Yo soy el cóndor, vuelo sobre ti que caminas y de pronto en un ruedo de viento, plumas, garras, te asalto y te levanto en un ciclón silbante. Y a mi torre de nieve, a mi guarida negro te llevo y sola vives, y te llenas de plumas y vuelas sobre el mundo, inmóvil en la altura”. Y Borges dirija de esta partido de Fidel: “Tu alegrías y tus triunfos y tus éxitos no son míos. Pero disfruto sinceramente cuando te veo [partir] feliz.Un adiós a Fidel en Santa Ifigenia

No puedo ni debo dejar reposar mis expresiones solamente en Borges. Hay alguien que dice en versos eminentes de desconsuelo lo que yo quizás no me atrevería  a escribir con tanta belleza; por eso me inclino reverentemente en este momento de tristeza del pueblo cubano y del mundo ante el poema de  Nancy Morejón:

“Alto, frente a la montaña,  regresas a ese punto sin nombre que te espera en Santa Ifigenia, el cementerio más bello de la isla, en Santiago, esa ciudad policromada, dormida todavía, donde nacieron, a la vez, tus riesgos y tus sueños, palpables al amanecer de este nuevo 30 de Noviembre.

El siglo veinte no hubiera sido el mismo sin ti. Como quien mira desde lejos el mar, junto a las luces y las sombras de Cayo Smith, yo sé que has añorado los inmensos cedros de tu infancia perdida, allá en Birán, restaurada en la fija mirada de un  joven médico, frente a la luna, mientras recorre a la inocente niñita haitiana, ya sin lágrimas sobre el reflejo de las aguas. Oh, comandante  ¿Dónde estás? O  eres el rostro de nosotros preguntando por ti?

 

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