Ideología aparte: ha muerto un gigante  

Yo sé que Dios, justiciero y omnisapiente, habrá de darle trato especial en el Cielo, puesto que sus virtudes superaron con creces a sus vicios y sus aciertos a sus errores. Que el Reino del Padre proporcione a su espíritu la paz que la vida acaso le negare.

Manolo Nova

Manolo Nova/La Informacion

“Nos casaron con la mentira… y ahora que conocemos la verdad creemos que el mundo se nos viene encima, como si no fuera preferible que el mundo se acabara antes que vivir con la mentira”.
Frase de un coloso, de un valiente dispuesto a todo, de alguien que decidió no retroceder ni renunciar jamás a sus sueños. Una frase reflexiva y aleccionadora por la carga filosófico/moral que ella encierra.

Un aserto pletórico de compromisos que fuera pronunciado por el más exitoso conductor de multitudes de América Latina durante la segunda mitad del siglo XX.
Foto: Ladyrene Pérez/Cubadebate
Fue pronunciada en los años sesenta, en momentos de sumo peligro, cuando los ideales de ese hombre, amenazados de muerte por la fuerza material más poderosa que ha conocido la Humanidad en toda su historia, subsistían más bien en precario.

Ese hombre la pronunció acaso para motivar, tal vez para persuadir, o quizás para dejar constancia precisa de la especial envergadura de su alma.

Quien la dijo se llama FIDEL ALEJANDRO CASTRO RUZ, un joven de importancia innata que ya en 1940, teniendo menos de quince años de edad, le escribiera una carta al presidente Roosevelt hablándole, entre otras cosas, del mucho hierro existente en Mayarí, Cuba, mineral bueno, según él, para fabricar barcos.

El dueño de la frase es el mismo que, además de luchar desde siempre por su patria, hubo de ser en su momento presidente de la Asociación Universitaria pro Democracia DOMINICANA; el joven cubano que luego fuera abogado y más tarde político electoral impedido del triunfo por el bajuno golpe batistiano; el joven rebelde que después fuera estratega del simbólico asalto de un cuartel en Santiago de Cuba, y que, a seguidas, fuera exiliado en México, donde hubo de aprender “guerra de guerrillas” bajo las instrucciones del español Bayo, aquél general republicano que vivía entonces en la patria de Juárez y que le enseñara a derrotar a los ejércitos profesionales.

Pues el dueño de esa frase ha muerto este viernes 25. Yo sé que Dios, justiciero y omnisapiente, habrá de darle trato especial en el Cielo, puesto que sus virtudes superaron con creces a sus vicios y sus aciertos a sus errores. Que el Reino del Padre proporcione a su espíritu la paz que la vida acaso le negare.Foto: Fernando Medina/Cubahora

 

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