DESDE MI TRINCHERA…

Girandys y la mujer chapiadora

Por Félix Jacinto Bretón/Trinchera

Por estos días estuve intercambiando por el chat de Facebook con una joven -nativa de Barahona pero residente en Santo Domingo- de nombre Girandys Vásquez, lo que ocurrió después de esta haberme respondido una solicitud de amistad que le envié.

Ella -ante los elogios que le prodigué  en su condición de mujer- me dijo: gracias por esas palabras , que llegan después de muchos insultos.

Extrañado, le pregunté  el porqué de esos insultos, ya que la mujer no puede ser tocada “ni con el pétalo de una flor”, como decía el apóstol José Martí, y menos a ella que parece “tan lánguida, tan leve y tan sublime”.La imagen puede contener: una persona, rayas, selfie y primer plano

Girandys – quien se dedica a la odontología- me explicó  que todo ocurre luego que colgara un escrito en las redes sobre la mujer chapiadora, el cual no le cayó bien a cierta gente.

Sus palabras me obligaron a buscar el texto y, en verdad, lo encontré interesante, por lo que de inmediato lo colgué en mi portal Trinchera (https://enmitrincheradelucha.wordpress.com/2017/03/08/la-chapeadora-una-plaga-muy-peligrosa/), convirtiéndose de inmediato en el más visto y leído en los últimos días.

He querido compartirlo con ustedes, lectoras y lectores de esta columna sabatina de LA INFORMACION, porque esta muchacha sabe escribir…y lo hace muy bien!

Girandys -que se ve muy joven en la foto de perfil que tiene en su página de Facebook-  parece una intelectual o una escritora, más que dentista, que me dijo, es a lo que ciertamente se dedica.

El  escribir parece que lo hace por hobbies porque nunca ha publicado un artículo en un periódico o revista, según me confesó, aunque no le creí mucho.

Bueno, le dejo con su tema sobre lo chapiadora. Léalo y “sea usted el jurado” sobre lo que digo de esta profesional de la odontología:

Odio muchas cosas, de hecho soy una “odiadora irreconciliable” de muchos aspectos de la idiosincrasia dominicana (Nota de FJB: odio, en sentido figurado, supongo). Sin embargo, no hay cosa que me exaspere más que dejarme quitar mi turno en el salón de belleza por una chapiadora, ya que siento insultada mi inteligencia.

Esa plaga de clase media y alta es muy peligrosa. Su garbo forzado, sus garras afiladas y postizas, su cabellera negra que oculta la falsedad inserta en sus cabezas de plástico, ese ajuste vulgar con el que cubre su cuerpo deformado y lipídico. ¿Y su contenido?

Uff…, si algo deprime más la existencia es su expresión de libertad, la mediocridad de sus cabezas medianas las hacen creerse merecedoras de todo solo porque hacen un buen uso de las caderas, porque desfilan el cuerpo grasiento con poca ropa, porque se mantienen perfumadas y vestidas de marcas de moda.

Siempre me recuerdan a Sergio Valente… como toda la gente, si que insultan esas “cuaimas”, eternamente están “estudiando para superarse” y no pueden mantenerse a flote sin un benefactor que les pague por un placer fingido y decadente, tal vez como sus vidas.

Si yo me decidiera por ser una doncella del placer, lo llevaría a otro nivel, definitivamente; el arte de la seducción debe ser siempre sutil, delicado y elegante, hay que cuidar tanto de las formas como de las maneras.

 El  desplazamiento no ha de ser ladeado e insinuante, sino más bien cadencioso y armonioso, la grasa definitivamente no tiene nada de atractivo en este arte, ya que da paso a la vulgaridad la exageración de las líneas, la alimentación sería un ritual como la instrucción para el contenido, debería ser una instruida en las artes y la cultura, en fin, la estética como un todo.

Algo así como una cortesana, o una geisha, o una hetera, en fin, pero no es lo mío, es muy patético y deprimente venir al mundo a creerse un florero inteligente solo porque decora un despacho elegante o porque lo compró el dueño del despacho.

Rápidamente regresé  a mi realidad cuando volví a escuchar a la pórnai aquella, tan vulgar y ordinaria “Cuaima”, que se siente peligrosa por el dispendio que hace de su vida licenciosa.

 Pero también sonreí desde dentro, los cerdos merecen esas perlas chinas para adornar su corral, ellas van en consonancia con su dieta pesada, altamente condimentada y pútrida, me parece justo el intercambio cada servicio prestado por pago plastificado que compense su descalabro.

Seguimos en combate…hasta la victoria siempre!

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